Sé que llevo muchos días semanas sin escribir, pero digamos que el mundo presencial me ha obligado a desaparecer temporalmente, pero hoy, a pesar de ser tarde, muy tarde, he decidido quitarle horas a mi sueño porque creo que no es justo lo que he visto y lo que veo en ese programa que emite la cuatro llamado “21 días” protagonizado por una ¿periodista?, ¿reportera? que decide experimentar en sus propias carnes lo que se siente en las situaciones más dramáticas o en las más envidiables.
Este programa como la mayoría de producciones que se crean en la TV en España forma parte de lo que llamaríamos una “innovación incremental” (risas), vamos y dejando a un lado las bromas con los términos de moda, quiero decir que es un “refrito” o programa creado a partir de otros similares. Me refiero a que lo han copiado de un documental estadounidense que generó una inmensa polémica, en donde a un periodista se le ocurrió vivir con la ingesta de comida (tres veces al día) en una famosa hamburguesería que tiene un payasito. Este experimento duró un mes y el avezado reportero casi “la palma” o fallece dicho educadamente, gracias al exceso de colesterol y de calorías consumidas en su anterior atlético cuerpo. Dicho documental ha recorrido el mundo entero y se llama “Super Size Me”.
En fin, que cuando vi “Super Size Me” me pareció surrealista, pero no muy diferente a otros programas gringos de realities que tanto está gustando a España y a sus audiencias.
Pero hoy “21 días” para mi sorpresa se desarrollaba en Canarias, peor aún, en Tenerife y esto pudo conmigo, y de un zapping rápido me quedé viéndolo hasta el final porque quería ver lo que esta joven investigadora experimentaba.
Qué mala suerte, no vino a experimentar con lo que ofrece nuestra naturaleza, o a vivir una experiencia diferente en nuestros SPA o a disfrutar de uno de los tantos pueblos espectaculares que hay en Canarias. Vino a vivir la “crisis” y el “paro”.
Increíble, la chica experimentó lo que es ser “mujer de limpieza”, y pudo recoger la mierda con las manos.
Increíble, la super reportera alucinaba de cómo podía vivir una familia con 420 euros de subsidio.
Increíble, la bondadosa periodista disfrutó de las playas de Güimar comiendo huevos duros.
Sorprendente, esta mujer descubrió cómo hay personas que compran chabolas al pie de acantilados por 900 euros para vivir en “su propiedad”.
Pero esta misma periodista, semanas antes había disfrutado en compañía de Carmen Lomana de paseos por París probándose joyas; esta misma chica participó de una experiencia como anoréxica o fue testigo supuestamente de robos entre gitanos.
¿Y aún se preguntarán por qué me duele? Pues porque 21 días no son suficientes para saber lo que es el dolor de quienes padecen anorexia, ni son suficientes para saber quiénes realmente sufren la crisis económica y quiénes han decidido vivir con una TDT, la nintendo y sin casa, porque no saben cómo vivir de otra forma, porque no hay nadie que les incentive a mejorar, porque no han visto nada más allá de su comunidad.
21 días no son suficientes y el respeto que me merece cada persona, cada situación, cada problema me obliga a no aceptar este tipo de programas que al final y como todos, lo que busca es el morbo de ver hasta dónde podrá llegar esta joven y guapa chica en la próxima entrega.
Solo espero que no se les ocurra a los del programa inventarse un 21 días en Haití, porque creo que no lo soportaría
Carmen Martín Robledo